Abenchara, guayarmina del reino de Canaria, ha sido capturada por los invasores castellanos y trasladada muy malherida hasta Córdoba donde estaba situada a mediados de 1482 la corte de los Reyes Católicos. La extorsión a la que será sometido su esposo, el guadarteme Tenesor Semidán, determinará en un corto espacio de tiempo la rendición de la isla.
El rapto de Abenchara, con todas sus terribles secuelas, constituye uno de los momentos más trágicos y desconocidos de la historia del pueblo canario y, por ende, de todos los pueblos sometidos del mundo, pues los hechos reales que se recrean y se sufren literariamente en esta novela representan simbólicamente los horrores de la destrucción de las culturas indígenas en todo tiempo y lugar.


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